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CON EL OBJETIVO de que disciernas el llamado de Dios.
El discernimiento de la vocación sacerdotal o religiosa puede resumirse en cuatro palabras: VER, PODER, QUERER, RECIBIR.
VER: cuando me siento convencido de que tengo que amar a Dios (obedecerle en todo) y a mis hermanos (servirles) para así llegar a la santidad, tengo que averiguar sobre los distintos estados de vida que me ofrecerán seguir lo mejor posible a Jesucristo: Sacerdocio, matrimonio, vida consagrada en el celibato, como religioso o como laico.
PODER: después en la oración y el recogimiento examino seriamente con la ayuda de un consejero espiritual, mis capacidades y aptitudes, para saber si, verdaderamente, Dios me ha llamado.
QUERER: finalmente me decido en libertad a tomar el estado de vida que he discernido. Esta voluntad libre, esta intención recta y sobrenatural han de estar presentes, además de las cualidades, para dar el paso acertado. Poder y querer ambos son requeridos.
RECIBIR: es el llamado de las autoridades competentes: obispos o superiores religiosos. Son ellos los que han de juzgar sobre mis aptitudes. Y, es mediante su invitación a seguir adelante, que voy a confirmar mi vocación y así podré convencerme de que mi vocación es querida y aceptada por Dios. |