Misioneros de los Santos Apóstoles
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RELECTURA DE 19 AÑOS DE EXPERIENCIA PASTORAL

 

 
 

“Estaba enfermo y me has visitado”  (Mt 25, 31–46)

“Todo lo que hacen a uno de estos pequeños, es a mí que lo hacen”

“Si nuestro corazón nos condena, pero Dios es más grande que nuestro corazón y conoce todo”   (1 Jn 3,20)

“Quiero misericordia y no sacrificios”  (Am 5)

“Es grande la muerte, está llena de vida dentro” (Félix Leclerc)

“Estoy a tu puerta y llamo. Si alguno me abre, entraré y me sentaré a su mesa, y cenaré con él y él conmigo”     (Apoc. 3,20)

“Hombre, humano, humus, humildad”...    (Doris Lussier)

“Dios crea al hombre a su imagen, a la imagen de Dios les ha creado, hombre y mujer les ha creado”      (Gn 1,27)

“Lo esencial es invisible a los ojos, se ve bien con el corazón”

                     (A. de Saint-Exupery)

“La conduciré al desierto, le hablaré a su corazón”  (Os 2,16) 
 
 

He aceptado el ministerio en el centro hospitalario con muchos interrogantes. Primeramente dos días por semana en el hospital Le Gardeur para ver como me acomodaba a tal experiencia. Aprendí mucho, pero poco a poco. Desde el comienzo interioricé cada uno de mis encuentros pastorales para evitar cometer errores y he sostenido mi acción pastoral en la oración y en la meditación de las citas arriba mencionadas, que me han guiado a lo largo de estos diecinueve años de pastoral con los enfermos. 

El paciente, privado de su ambiente ordinario (trabajo, casa y familia) vive la experiencia del pueblo de Dios en el ‘desierto’. En su cama de hospital tiene solamente un crucifijo como decoración, una Biblia y un libro de oraciones. El tiempo en el hospital es muy largo...! No es raro que el paciente se interrogue sobre el sentido de su vida y sus valores. Ocurre que se encuentra con su Dios y creador. 

Estos invaluables encuentros que he tenido a través de todos estos años, en el centro hospitalario, me han mostrado algo común a todos los hombres: es su “humanidad”. ¿Cómo hacer que Dios sea accesible a los hombres? ¿No es verdad que la meta de todo evangelio es hacer que Jesucristo llegue a todos? La pedagogía de Jesús en el evangelio fue mi fuente de inspiración. Ser humano, es la clave de todo encuentro. 

Día tras día, año tras año, he aprendido que el paciente es una PERSONA con todo lo que esto implica de dignidad y libertad. Él es también UNICO. El tiene una VIDA, una historia. Tiene VALORES, CREENCIAS. En una palabra, él es un MISTERIO. Requiere el RESPETO: me descalzo cuando él me invita a su interioridad para compartir de lo más personal que tiene. 

Lo que más me impresionó en la Cité de la Santé fue la experiencia de un equipo multidisciplinario en la unidad paliativa desde sus inicios para el acompañamiento del paciente y de su familia en fase terminal, con una dimensión global por parte de los profesionales.  

Aprendí a ser sosegado cuando encuentro la fragilidad, la precariedad, la vulnerabilidad y el sufrimiento total del enfermo. Su fragilidad despertaba un sentimiento de impotencia en mí. Esta fragilidad interpelaba la mía.  

En el contexto sociocultural y religioso de Québec, donde la práctica religiosa no es una moda, son páginas del Evangelio que leía en el comportamiento de los profesionales de la salud. Ellos viven el Evangelio a otro nivel, también importante. He encontrado aquí tanto humanismo...! Créanme que recibía una ‘bofetada’! Y esto me hizo reflexionar mucho...! Pero ser humano, ¿no será acercarse a lo divino? “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14). 

No quisiera dejar de mencionar el formidable equipo de agentes pastorales voluntarios. Son unos treinta. Algunos están con nosotros desde hace 5, 10, 15 o 20 años. Quiere decir que les gusta el trabajo pastoral. Ellos aprecian, igual que yo, la salud como la mayor riqueza. 

Dejo la Cité de la Santé enriquecido y agradecido por todas las personas que me han brindado su confianza: profesionales, voluntarios y pacientes. 

Me uno a la acción de gracias de Jesús, al regreso de la misión de los doce, enviados de dos en dos (Lc 10,21-22). 

“Yo te bendigo Padre, Señor del Cielo y de la Tierra, por haber escondido esto a los sabios y a los entendidos; y haberlo revelado a los pequeños”. 

Jesucristo, Esperanza de la humanidad 
 
P Vicente Kilidjian, MSA