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MEDITACIÓN PARA LOS CANDIDATOS EN FORMACIÓN
Quisiera compartir con Ustedes algunas reflexiones y cuestiones en torno a trece aspectos de la llamada que recibieron y oyeron.

Marius Morin, m.s.a.
1- Ustedes son enviados
Jesús envía a sus discípulos: ¡Vayan! Todo comienza por un desplazamiento, un movimiento hacia un país desconocido, que puede ser muy cerca o muy lejos de su propio universo cultural y espiritual. Por lo tanto, salen de lejos, de su país interior a menudo desconocido. Están llenos de sueños e ilusiones no evangélicas, que deben conocer. Inconscientemente, aspiran a un reino humano y material como los discípulos del Evangelio, en de su primer encuentro con Jesús. Incluso su formación de tres años, en presencia de Jesús el maestro de Nazareth, no fue suficiente, para hacerles verdaderos apóstoles. Todos huyeron a la hora de la verdad. Como para todos los minerales, fue necesario que pasen por el fuego, el del Espíritu Santo, para liberarse de sus impurezas y encontrar su plena libertad.
Salir, pero para ir adónde? ¿Hacia qué personas y qué medios, hoy, están llamados a ir? ¿Qué necesidades perciben que recurren a nuestro carisma de misioneros de las vocaciones?
El Padre Eusebio Menard y los primeros cofundadores oyeron los cuestionamientos y los clamores que venían de adultos deseosos de servir a su Iglesia. Vieron la sed de una Palabra de vida en estos cristianos deseosos de convertirse y ser sacerdotes. Es a partir de las esperanzas y cuestiones que oyen, sufrimientos y heridas que afectan su compasión, que podrán encontrar la vía hacia dónde se dirigen.
2- Se les envía en un mundo en fuga
¿En qué, nuestro mundo es diferente de las generaciones anteriores? ¿Debemos buscar una nueva espiritualidad de la misión? Se podría responder de manera simplista y automática que la novedad, desde septiembre de 2001, es la mundialización y la guerra al terrorismo? No creo que la mundialización y el terrorismo definan de verdad el nuevo contexto de nuestra misión en el mundo.
!Lo más angustioso, en mi opinión, es que nadie sabe adónde va el mundo! Ni siquiera tenemos algún sentimiento común de la dirección que toma nuestra historia. ¿A dónde va este mundo en fuga? La historia se escribe fuera de nuestro control y no sabemos dónde nos dirigimos. Es para este mundo en fuga que debemos encontrar una dirección y una espiritualidad de la misión.
Va la comunidad mundial extenderse y englobar a todo el mundo, incluyendo los continentes olvidados, África, Sudamérica, Asia? ¿O va el pueblo global estrecharse y dejar una mayoría de gente al margen de la historia? ¿Es un pueblo global o un saqueo del planeta que observamos? !No lo sabemos!
Estamos amenazados por lo que creamos: el recalentamiento del planeta, la contaminación, la superpoblación, la inestabilidad de los mercados financieros. ¿Van los Americanos dominar la economía mundial durante décadas? ¿Que ocurrirà con la subida del Islam? ¿Qué sabemos de las consecuencias imprevisibles de la manipulación genética (con los o.g.m., la clonación y las manipulaciones de genoma humano)? ¿Que hacer con la violencia, la criminalidad, la soledad, el suicidio en nuestras grandes ciudades anónimas e indiferentes?
Nosotros, cristianos, no tenemos brújula para dirigir a la humanidad. La confianza en el progreso ha desaparecido, y por ello debemos recuperar una esperanza cristiana verdadera. Si llegamos, entonces la humanidad descubrirá que, nosotros como hombres de Iglesia, podemos ofrecer lo que busca. Como los discípulos sobre el camino de Emaús lo confesaron : !!Y esperábamos que fuera el liberador de Israel!! (Lc 24,21).
Por mi parte, quiero simplemente indicar aquí algunos lugares posibles sobre su recorrido :
- Veo jóvenes desorientados, buscando pertenencias en una sociedad fragmentada, preguntándose sobre su futuro y el del mundo. Ellos son, sin embargo, llevados por un deseo de ser reconocidos y de una búsqueda de un sentido a su vida.
- Oigo cuestiones difíciles, que afectan problemas éticos inéditos, en las fronteras de la vida y la muerte (la contracepción, la clonación, la eutanasia, el suicidio asistido, etc.).
- Percibo los gritos de los expertos en medio ambiente que señalan el reto de una sana relación a la creación y al planeta (los recursos naturales son limitados y varias energías no son renovables).
- Constato por todas partes empobrecimientos y exclusiones.
- Veo gente, de toda edad, atraída por nuevos grupos religiosos donde se entremezclan búsquedas espirituales profundas y recetas de felicidad inmediata.
- Encuentro caras heridas por la violencia, la de las palabras (verbal) como la de las armas, la del pasado o la del presente, viviendo el exilio en un nuevo país o en ellos mismos (las mujeres y los niños abusados y pegados, los inmigrantes, los refugiados siempre desplazados, etc.).
- Me codeo con bautizados que sólo tienen una vaga idea de la fe cristiana o que son ahogados y perdieron confianza en la Iglesia y en sus sacerdotes.
¿Y Ustedes, qué ven, qué oyen, qué les da el gusto de ponerse en marcha para suscitar vocaciones? ¿A dónde quieren ir? A Ustedes les toca hacer su mapa de estos lugares, de trazar los centros y las líneas, pero estando dispuestos también a modificar su itinerario, una vez en el sitio. !Buen viaje!
3- ¿Dónde encontrar las palabras y los gestos convenientes?
Sobre estos caminos y en estos lugares, queremos actuar y hablar, y muy a menudo estamos reducidos a una presencia silenciosa. ¿De quiÉn y qué hablaremos? En el contexto actual, eso no es evidente. No se trata de hablar para hablar, sino de escuchar atentamente y de encontrar las palabras y gestos que sabrán dar cuenta de nuestra esperanza. Se trata de entrar en una conversación con los medios, donde cada uno aprende del otro, donde cada uno se entrega en sus convicciones y sus fragilidades.
Nuestro planteamiento se inscribe en una búsqueda constante de la verdad. ¿Están dispuestos a hacer la verdad en Ustedes? ¿Están abiertos a una transformación interior? ¿Están dispuestos a acoger el fuego del Espíritu Santo que purifica el corazón y que cava en su interior un vacío suficientemente grande para acoger el Reino de Dios? Cuando somos llenos de nosotros mismos, la Palabra del Evangelio no se arraiga en nuestra vida.
Cuestiones deberán profundizarse en los años que vienen para ver más claramente en nuestra misión propia. El viaje hacia los demás lleva más allá de nosotros mismos. Tenemos que trabajar de nuevo nuestra teología de la misión.
Nos dirigimos a dos mundos diferentes: uno marcado por fundamentalistas y dogmatismos provenientes de revelaciones que se indican fuera y sobre la historia, y otro influido sobremanera por corrientes dichas de postmodernidad, que acentúan la relatividad de todo discurso, el estallido de las certezas, la imposibilidad de llegar juntos a una verdad.
4- Deben prepararse a descifrar los lenguajes
¿Cómo decir la esperanza? ¿Qué lenguaje lo expresará mejor? Hablar, dialogar, interpelar, predicar, enseñar, acompañar no puede hacerse sin explorar el mundo de las lenguajes actuales que son muy variados. Debemos aprender a controlarlos para utilizarlos correcta y plenamente. El lenguaje de las palabras diarias que afecta a la gente; el más técnico de las ciencias y filosofía, que requiere exactitud y rigor; el de los símbolos, de las imágenes y sonidos, que se incorpora a menudo en lo más íntimo de la gente, allá donde se construyen las imágenes de sí misma, de Dios y del universo; lengua de los medios de comunicación y nuevas tecnologías, que hace del mundo una extensa red de comunicación.
Lenguajes del cuerpo, de las fiestas y danzas. Están dispuestos y deseosos de comprender y de descifrar el lenguaje del sentido común de la gente que escucha y acoge el Reino de Dios en su corazón y en su vida. Estarán dispuestos a oir los gritos y los clamores de un Pueblo de Dios que espera su liberación. Cada uno de Ustedes tiene dones en uno u otro de estos lenguajes. !A Ustedes deben desarrollarlos, sabiendo también apreciar los dones de los demás!
Es realmente importante que los nuevos proyectos apostólicos están llevados, pensados y aplicados por varios misioneros juntos. Trabajar para las vocaciones es más que una tarea individual, es el objetivo mismo de nuestra vida en común. No somos gente que viven juntos por razones de utilidad y, en ciertas ocasiones, hablan de su trabajo. Estamos en fraternidad para poder los unos con los otros anunciar el Evangelio. Y esta vida comunitaria es ya en sí predicación. Eso no impide la especialización y la diversidad de los compromisos. Se trata más bien de comprender nuestra vida misionera. ¿Están en condiciones de pensar y realizar juntos nuevos proyectos, y a no aislarse cada uno en su sendero. Es importante para el apoyo mutuo, y también para la supervivencia de la propia misión.
5- Deben vivir con un corazón rasgado
El misionero de hoy y de mañana debe vivir con un corazón rasgado, partido en dos : entre la enseñanza de la Iglesia y la experiencia diaria del Pueblo de Dios. Por experiencia, constato que los católicos creyentes, practicantes tienen dificultades para comprender la ense?anza moral de la Iglesia, en particular, en materia de sexualidad. En la actualidad, una mayor?a de hombres y mujeres no viven su sexualidad en el matrimonio con un objetivo de una relaci?n amorosa reproductiva. La mayor?a de los j?venes que conozco est?n o en concubinato y utilizan los medios de contracepci?n, o son divorciados y casados de nuevo, u homosexuales.
Es muy inc?modo vivir en este espacio de mediaci?n entre el discurso oficial de la Iglesia y la vida concreta diaria. ?Es un verdadero dilema desgarrador! Es desagradable y agotador pertenecer al mundo de la ortodoxia y pasar tanto tiempo y gastar tanta energ?a para explicar y disculpar a la Iglesia a quienes no llegan a comprender, y que viven su vida como lo entienden. Ustedes, futuros misioneros dedicados a las vocaciones tendr?n que vivir con esta dolorosa divisi?n interior.
Para permanecer o llegar a ser verdaderos misioneros, cercanos y amigos de toda esta gente, deben absolutamente identificaros con los que se sienten excluidos de la Iglesia, debido a su ?situaci?n irregular?. Sin embargo, ellos forman la mayor?a de nuestro Pueblo de Dios, a quien estamos enviados. ?No ser?an ellos que, estad?sticamente, viven de manera totalmente regular? P?nganse en su piel, escuchan con sus orejas, ven con sus ojos, sienten lo que experimentan. Sean ellos, hasta cierto punto. Descubrir?n as? con ellos c?mo predicar la Palabra de Dios y la ense?anza de la Iglesia. ?C?mo ven su misi?n de acompa?antes, hoy y ma?ana, en este mundo estallado, tal como es?
6- Est?n invitados a aligerarse de su identidad
?Ser enviado implica morir a esto que se era? El misionero abandona una identidad cultural limitada y a menudo cerrada sobre s? misma. Estar presente para los otros y con los otros, ante los grandes retos de la vida, es un tipo de muerte de nuestra antigua identidad para convertirnos en una se?al del Reino, donde somos uno. Jes?s a invitado a sus disc?pulos para cruzar hacia la orilla opuesta del lago a G?rasa, un pueblo pagano y desconocido.
El misionero no es un turista. El turista puede llegar a lugares ex?ticos, fotografiarlos, aprovechando la comida y los paisajes, luego volver a casa para enarbolar orgullosamente sus T-shorts recuerdos. Al seguir estando all?, al compartir la vida de los suyos, el misionero se hace una se?al del Reino de Dios. Como me lo dec?a uno de mis amigos: ?No te contentas de deshacer tus maletas, pero debes echarlas.?
La presencia es permanecer en el carrera, como nos dice San Pablo: ?Saben que en la pista, hay muchos corredores al principio, y uno s?lo recibe el precio. Corren pues de tal modo que ganen. ? (1Co 9, 24). Su presencia va a instalarse en la duraci?n, va a tomar la forma de una vida vivida a trav?s de la historia, para llegar a ser bajo la quemadura del Evangelio una historia ?nica y santa. La presencia duradera del misionero es, en efectivo, una se?al de la Presencia real del Se?or que permanece con nosotros hasta el final de los tiempos.
El vivir juntos es tambi?n una caracter?stica de nuestra identidad. Tienen Ustedes que encontrar el estilo de vida comunitario mejor adaptado para el camino y la misi?n. Deben buscar el apoyo de los antiguos y recurrir a su experiencia, ya que son andarines con experiencia y que conocen bien el camino, con sus obst?culos y sus escollos que deben evitarse. As? perder?n mucho menos tiempo. Para avanzar r?pidamente, necesitan atajos, que solamente los m?s experimentados conocen.
7- Debe gustarles los estudios
Otra cuesti?n que tengo de coraz?n, como misionero de los Santos-Ap?stoles, es aquella relaci?n que existe entre nuestra misi?n de formadores y nuestra vida de estudio. Varios de Ustedes est?n a?n en estudios institucionales o acaban de terminarlos. ?Y si est?n en plena acci?n, sigue el estudio formando parte de su vida, lo espero!
?C?mo podemos garantizar una verdadera interacci?n entre nuestros distintos compromisos apost?licos y la vida de estudio, para que se alimenten de uno a otro y que no sean dos carriles paralelos que no se encuentran nunca? Eso se juega al interior del equilibrio de vida de cada uno, y tambi?n en nuestra manera de vivir en comunidad, el tiempo que nos damos para la formaci?n permanente. La atenci?n y el gran cuidado que prestamos a la lectura de los escritos del fundador, y tambi?n a todo lo que se escribe y se publica como art?culos y libros de los distintos colegas de la Sociedad de los Misioneros de los Santos-Ap?stoles.
Adem?s, todo misionero deber?a obtener un t?tulo universitario o su equivalente (en pastoral, Biblia, teolog?a, filosof?a, comunicaci?n, psicolog?a, misionolog?a, etc.).
Para comenzar o seguir su misi?n de formadores, qu? lugar el estudio tendr? en su vida de misionero bien ocupado? ?C?mo va el estudio sostener su marcha espiritual y su misi?n, y c?mo ?stas podr?n estimular sus estudios?
8- Deben admitir que vivir?n como ricos
En nuestro mundo, la pobreza es una se?al de fracaso, de pereza y de una falta de valor. Es especialmente dif?cil, para nosotros, porque nuestra misi?n se encuentra a menudo all? donde la pobreza es la m?s terrible, en ?frica y en Am?rica Latina. La pobreza es obviamente atroz para algunas poblaciones a quienes servimos. Nunca probaremos la pobreza (como los verdaderos pobres) hasta la hez de la degradaci?n, la inseguridad y la desesperaci?n. Comer?n siempre tres veces al d?a y si caen enfermos, recibir?n cuidados. El esc?ndalo de la pobreza no se limita a una condici?n econ?mica precaria, a una falta de comida, vestidos o empleo, pero va hasta atacar la dignidad humana, rompiendo a las personas psicol?gica y moralmente. Es cierto que la pobreza voluntaria nos expone siempre a sufrimientos y renuncias. Ella desaf?a nuestros deseos m?s profundos de seguridad financiera y posesi?n de bienes materiales.
Los edificios en los cuales vivimos son donaciones. ? Vivimos en ellos y los tratamos con gratitud? ?Tenemos una actitud responsable frente a lo que se nos es dado, al mantenimiento de nuestras casas, a todo lo que recibimos? ?Necesitamos todos los edificios que tenemos? ?Nuestras casas podr?an utilizarse mejor? Construimos escuelas, casas de retiro, seminarios, centros m?dicos, etc. Dirigimos instituciones s?lidas y muy ?tiles. Infortunadamente, la gente nos clasifica siempre entre los ricos.
En efecto, en muchos pa?ses, los sistemas sanitarios y educativos se hundir?an sin la Iglesia. Pero el problema permanece: ?C?mo, en estas condiciones, mostrar la Buena Noticia del Evangelio, visible en la pobreza? ?C?mo ofrecer estos servicios irreemplazables siguiendo al mismo tiempo de vivir vidas que sean simples, frugales, comunitarias, y que no tendr?an ning?n sentido sin Dios? ?Contamos con una cierta Providencia, con nuestros esfuerzos y con nuestro trabajo?
?C?mo utilizar todos los medios de comunicaci?n y transporte p?blico en nuestros distintos medios? No tenemos una idea clara y justa del impacto negativo que nosotros producimos en la gente pobre que nos rodea. ?C?mo guardar?n un coraz?n de pobre. ?C?mo tomar?n su trabajo a pecho? ?C?mo tratar?n a aquellos y a aquellas que les servir?n? ?Ser?n m?s justos que lo que las leyes sociales y laborales prescriben? ?Compartir?n sus riquezas, sus conocimientos, sus casas y sus bienes?
9- Ser?n percibidos como verdugos de cerebros
Nadie le gusta ser ense?ado, hoy. Cualquiera pretende ense?ar desencadena una sospecha intensa, a no ser que venga del Este o de alguna doctrina rara de la Nueva Era. Los misioneros que ense?an est?n sospechados de adoctrinamiento, imperialismo cultural, arrogancia. ?Qui?nes somos para atrevernos a decir a otros lo que deben creer y c?mo deben actuar?
Ense?ar que Jes?s es Dios se considera como un adoctrinamiento, pero ense?ar que Dios es a una entidad o una energ?a c?smica no tiene nada de anormal. Adem?s nuestra sociedad es profundamente esc?ptica ante toda pretensi?n a la verdad. Cada uno toma sus opiniones como verdades.
Con la llegada del Internet, vivimos en un mundo virtual, donde la verdad puede reinventarse a saciedad. A la era del mundo virtual, la verdad es lo que se evidencia sobre una pantalla de una computadora. Las fotograf?as presentadas en los distintos foros de debates y los chats, r?pidamente se volvieron al servicio de los abusadores de la ingenuidad de los m?s j?venes y de los m?s inexperimentados.
10- Ser?n juzgados como tramposos, descentrados sexuales
Uno de los datos centrales de nuestra humanidad es la sexualidad. Debemos vivirla en la castidad y en el celibato. Sin embargo, frecuentemente, tenemos miedo de hablar de la sexualidad entre nosotros. Ella es, a menudo, un lugar de lucha solitaria, en el miedo del juicio o de la incomprensi?n. Si no llegamos, despu?s quiz? de mucho tiempo y de sufrimientos, a asumir nuestra sexualidad positivamente, ella puede envenenar nuestra vida entera. Nos conduce directamente a la frustraci?n y a la esterilidad. No hay m?s iniciativas y creatividad de nuestra parte. Vegetamos.
El primer pecado contra la castidad, es la falta de amor, generosidad, gratuidad, disponibilidad, servicio a los dem?s. La tentaci?n es tomar la fuga. Lanzarse a cuerpo perdido en el activismo, en un trabajo agotador. O de huir en la pornograf?a que es, en s?, una denegaci?n de la sexualidad compartida en una relaci?n de amor. Otra fuga es caer en el menosprecio de s? mismo y de su propia sexualidad. La castidad se vuelve entonces castradora e improductiva. Ya no se orienta hacia la caridad, hacia el don de s? mismo a Dios y al servicio de los dem?s.
Los misioneros deben vivir lo que ense?an. Su vida debe ser transparente y luminosa ante Dios y delante de los hombres. Con todos los esc?ndalos de abusos sexuales y de pederastia que surgen por todas partes en la Iglesia, a trav?s del mundo, causan un clima de desconfianza y condena en bloque a todos los sacerdotes, incluyendo incluso a los misioneros.
A causa de eso, los sacerdotes misioneros tienen hoy dificultades de sentirse portadores de buenas noticias. Tambi?n no podemos pasar de alto el dolor sufrido por las v?ctimas de abusos sexuales y la humillaci?n de los sacerdotes en general. Una gran c?lera se elev? ante la manera en que algunos obispos trataron el problema. Tuvieron verg?enza de ver a la Iglesia puesta al banquillo de los acusados por los medios de comunicaci?n. Negaron toda responsabilidad en los extrav?os de sus sacerdotes, pretextando que son personas adultas e independientes.
La oraci?n diaria, silenciosa y privada nos coloca frente a frente con Dios que nos acoge en su misterio de amor. Y all?, no hay m?s lugar para la marruller?a y la mentira. ?Est?n Ustedes preparados para enfrentar los asaltos de sus impulsos sexuales y emocionales? Son capaces de vivir confortablemente en su soledad, sin amante, sin mujer y sin ni?os. ?Piensan ser capaces de ser fieles y dilatados en sus compromisos con la castidad y el celibato, con vistas a una mayor caridad y servicio a los dem?s?
11- Tienen el deber de promover la igualdad entre las mujeres y los hombres
Promover la igualdad de las mujeres y de los hombres no es ya, para nosotros misioneros, una elecci?n libre e individual, sino un deber comunitario. Un poco de historia para refrescar nuestra memoria: En 1893, Nueva Zelanda fue la primera naci?n que concedi? el derecho de voto a las mujeres. En 1945, solamente 30 miembros fundadores de la Naciones Unidas reconocieron este derecho de voto a las mujeres. En 1948, las Naciones Unidas reconocen la igualdad de los derechos de todos los seres humanos. En 1979, se hizo un paso m?s, cuando se firm? el Convenio internacional denunciando toda forma de discriminaci?n y violencia hacia las mujeres. Hasta ahora, 165 Estados ratificaron este Convenio.
Pero la batalla est? lejos de ganarse. Seg?n Amnist?a Internacional, a escala mundial, se pega a una mujer sobre tres, y se obliga a dos mujeres sobre tres a tener relaciones sexuales contra su voluntad (violencia marital, crimen de honor, violaciones de guerra, incestos, prostituci?n, matrimonios forzados, embarazos no deseados, mutilaciones genitales, pornograf?a, desigualdad salarial, discriminaci?n profesional, venta de criadas, etc.).
En ?frica como en Am?rica Latina, muchos hombres est?n orgullosos de merecer el nombre de ?machos?. Sin embargo lo que debemos denunciar son los ?machistas?. Programas de televisi?n como ?Laura en Am?rica ? de Per? deben ser sostenidos y fomentados. Laura Bozzo es una gran Abogada y Doctora en Ciencias pol?ticas. Hay tambi?n mujeres ?machistas? como las ?mammas? italianas de Italia del Sur que destacan la superioridad de los muchachos sobre las j?venes muchachas, para todo lo que afecta los asuntos p?blicos, aunque en la casa son ellas quienes mandan.
Su deber es rechazar e impedir, en nuestras obras e instituciones, toda forma de discriminaci?n y violencia hacia las mujeres y las j?venes muchachas, en cuanto a las responsabilidades parentales, el trabajo, los estudios, la vida profesional, la igualdad de oportunidades, etc.
12- Deber?n aceptar vivir el silencio de Dios
Joven misionero, cre?a que al consagrar mi vida a Dios, que El iba a hablarme directamente y manifestarme claramente su voluntad. Sin embargo, Dios se manifiesta a nosotros por la v?a normal de las mediaciones. El pasa su mensaje a trav?s de los acontecimientos y de las personas que marcan nuestra vida. Y lo m?s frecuente manifiesta su Presencia en su silencio misterioso y desarmador.
La revelaci?n de la verdadera cara de Dios es la cruz, un hombre abandonado, muri?ndose y, que naturalmente nos queremos ver. ?En medio de este sufrimiento, qu? silencio de Dios! La muerte horrible de este inocente choca tanto, que ha sido necesario esperar cuatro cientos a?os antes de que alguien se atreviese a representarla. La primera representaci?n de Jes?s crucificado es la que vemos en las puertas de la bas?lica de Santa-Sabina, talladas en 432, despu?s de la destrucci?n de Roma por los b?rbaros.
El centro espiritual de la vida del misionero es el silencio mismo de Dios. Lo que debemos redescubrir, es la escucha del silencio, no un silencio absoluto, ininterrumpido, inarticulado, pasivo, no diferenciado, pero la disciplina del silencio que nos pide cesar nuestras palabrer?as f?ciles sobre el Evangelio y en nuestros rezos, para que nuestras palabras puedan surgir de una profundidad inigualada, de un coraz?n purificado y transformado por el fuego del Esp?ritu Santo.
No obstante es esta dimensi?n contemplativa y silenciosa que tiene el poder de destruir nuestras falsas im?genes de Dios (como el todo-potente, el intervencionista en nuestros asuntos) que podr?amos ser tentados de venerar. Son estos tiempos de silencio arreglados que nos libera de las trampas de nuestro ego-personaje orgulloso y arrogante. Este silencio nos vuelve suaves y humildes de coraz?n como Jes?s.
13- Est?n obligados de reconsiderar su espiritualidad
Muy pronto en nuestro itinerario apost?lico, conocemos impulsos y cansancios, miedos e inseguridades, gratificaciones y decepciones. Necesitamos una espiritualidad inspiradora que nos integra como personas en esta misi?n y que sea una fuerza de recurso y que pueda comunicarse a los dem?s.
La espiritualidad que resulta de nuestra tradici?n tiene caracter?sticas particulares. Es una espiritualidad del camino, del enviado en misi?n. Ella deslumbra la dimensi?n m?stica del Cuerpo de Cristo. Todos los miembros, unidos a Cristo, est?n llamados a desempe?ar un papel que les es propio. Ella invita a la alegr?a de vivir juntos, y tambi?n a la compasi?n ante el sufrimiento y los ahogos de uno de los miembros, en el camino. Invita a veces a disminuir el tempo. Ella sostiene nuestra amistad mutua, en la suavidad y la fraternidad.
Nos empuja a poner el hombro a la rueda, juntos, para enfrentar los peligros de la carretera, para superar los miedos de las traves?as dif?ciles, para nivelar los barrancos y aliviar las tormentas. Nuestra espiritualidad se manifiesta, entre otras cosas, en nuestra forma de Gobierno con su estilo de animaci?n y su sentido de las responsabilidades compartidas.
?Qu? espiritualidad de la misi?n nos va a sostener en nuestros caminos de despertadores de vocaciones? ?Qu? caracter?sticas y figuras de nuestra tradici?n pueden inspirarnos a?n m?s?
Lo que la Sociedad de los Misioneros de los Santos-Ap?stoles espera Ustedes, es que vuelvan a ser, cada vez m?s, fieles a Ustedes mismos, en el gran respeto de los dones recibidos del Se?or Jes?s para la misi?n. Tenemos que recibir lo nuevo que Ustedes nos pueden dar y que ignoran quiz?, hasta el d?a de hoy. Lo descubrir?n caminando al mismo ritmo de los dem?s (colegas y pueblo de Dios) con sus esperanzas, sus sensibilidades, sus convicciones y su fidelidad al Amor amado en vosotros et en los dem?s.
Conclusi?n
?Olvidando el camino recorrido, voy derecho adelante, tendido de todo mi ser, yo corro hacia el objetivo, para recibir el precio que Dios nos ofrece, en Cristo Jes?s. ? (PH 3,13). Jes?s nos invita a liberarnos de nuestro ego-personaje, a este ?xodo absoluto de nosotros mismos que cava en nosotros un vac?o, suficientemente grande, pos donde Dios puede entrar y establecer su morada. Corremos hacia los dem?s con Jes?s, los ojos fijados en Dios Padre que vive a lo m?s ?ntimo de nuestro ser. Ese Dios, completamente otro y totalmente ?ntimo pasa por nuestra fragilidad humana para alcanzarnos y manifestarse a nosotros mismos. Y por eso para amar a Dios debemos a la vez amar a nuestro pr?ximo y nosotros mismos. El que dice amar a Dios y que odia a su hermano es un mentiroso, nos dice a San Juan.
Nuestra misi?n nos invita a tomar riesgos que superan nuestra imaginaci?n : El riesgo del amor. El riesgo de ser rechazados y de ser incomprendidos. El riesgo de la verdad. El riesgo de ser purificados por el fuego del Esp?ritu. El riesgo de la libertad. El riesgo de la palabra. El riesgo del compromiso. El riesgo de la soledad. El riesgo de dejarnos cavar por el deseo sincero de calificarnos como disc?pulos de Jes?s, para el Reino de Dios. ?Gracias y buena reflexi?n!
Marius Morin, MSA Consejero espiritual/ Autor y Psicoterapeuta
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